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Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
Declaración de cierre - a favor
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund escribió:
Estamos de acuerdo en que el tipo de cambio debe ser flexible y no fijo. Ese no es el tema del debate. Tenemos diferencias sobre el papel del gobierno y es ingenuo negar que los gobiernos siempre intervienen a través de diferentes instrumentos.
06/04/2011

Seguimos estando de acuerdo en que el tipo de cambio debe ser flexible y no fijo. Ese no es el tema del debate. Tenemos diferencias sobre el papel del gobierno. Abel sostiene que lo ideal es que el gobierno no intervenga. Yo sostengo que los gobiernos siempre intervienen, a través de diferentes instrumentos. Negar esto es ingenuo, es negar la realidad. El punto es si esa intervención contribuye al crecimiento y al empleo o lo inhibe. Creo que la forma más sencilla de ilustrar el punto es con ejemplos concretos.

Noruega, por ejemplo, “aisla” la mayor parte de sus exportaciones de petróleo de su mercado cambiario, destinándolas a un fondo de inversión (Chile hace algo similar con el cobre). Con esta política, los noruegos evitan una apreciación de su moneda cuando suben los precios, evitando que esa apreciación arruine sus demás industrias, restándoles competitividad. Los industriales noruegos tienen certidumbre para invertir, porque saben que los vaivenes del mercado petrolero no van a afectar su competitividad (vía una apreciación cambiaria) y el país paga lo que importa con la producción de su industria, no con la venta de un recurso no renovable. México, por otra parte, al introducir toda la venta de petróleo al mercado cambiario, revalúa su moneda cuando suben los precios, disminuyendo la competitividad de su planta productiva y, lo que es peor, financiando la importación de bienes de consumo con la venta de un recurso no renovable. Si hiciéramos el símil con una empresa, estaríamos financiando la nómina con la venta de la maquinaria. La política de Noruega, creo yo, hace sentido a mediano plazo; es lógica y responsable. La de México es ilógica e irresponsable.

Brasil o Corea, al igual que México, tienen tasas altas de interés, por razones de política monetaria interna. Para evitar que esto les ocasione una revaluación que perjudique a su industria, han instrumentado diferentes políticas (impuestos, encajes) que desincentivan la entrada de capital especulativo de corto plazo. México no sólo no lo ha hecho, sino que contrató una línea de crédito para anunciarle al mercado que está dispuesto a endeudarse hasta en 70,000 millones de dólares para defender el tipo de cambio.

Otra vez, de mi punto de vista, Brasil y Corea están actuando con lógica y responsabilidad. México no. Sólo hay que recordar que las crisis bancarias generalmente han sido producto no de devaluaciones competitivas, sino de episodios de un tipo de cambio sobrevaluado (muchas veces por entradas de capital especulativo) que se colapsa cuando los capitales deciden salir (Ejemplo: México 1994/5). Esta es una razón adicional para evitar la sobrevaluación:  no tener necesidad de rescatar al sistema financiero con recursos fiscales.

Abel dice que México se ha insertado con éxito en el comercio internacional. Eso es un slogan, no una realidad. La mejor medida del éxito es el crecimiento y el empleo. Desde que México se abrió al comercio (mediados de los ‘80s, culminando con el TLC), nunca ha logrado crecer en forma importante y sostenida. Este fracaso se debe, de mi punto de vista, precisamente a que la política cambiaria no se ha adaptado a la realidad de la productividad del país: el gobierno ha buscado, sistemáticamente, sobrevaluar el tipo de cambio. Ha sido una cuestión casi patológica, de orgullo nacional.

México tiene todas las características de un país en desarrollo, como son: bajos niveles de desarrollo tecnológico, baja propiedad intelectual, infraestructura deficiente, crédito caro y escaso, políticas de competencia (antimonopolios) deficientes, altos niveles de pobreza y desigualdad, etc. No podemos tener un tipo de cambio de país desarrollado porque, precisamente, nuestra productividad no lo amerita. Si tenemos el tipo de cambio de Alemania, sin tener las características de Alemania, no vamos a crecer.

Es necesario avanzar en todos los aspectos anteriores. Cuando lo logremos, el tipo de cambio se va a apreciar por razones naturales, al aumentar la productividad del país. Así se apreció el yen, así se va a apreciar en el futuro el yuan (China). Precisamente porque Japón y China sí se insertaron con éxito en el comercio internacional. Pero, mientras no logremos los avances en productividad, el tipo de cambio sobrevaluado sólo descapitaliza a la planta productiva y nos lleva a un círculo vicioso, en el que no crecemos, no generamos empleo, aumenta la inseguridad y se vuelve menos atractiva la inversión productiva.

Tal vez una analogía deportiva aclare el punto. El golf es un deporte en el que pueden jugar entre sí, competitivamente, jugadores de habilidades muy distintas. La razón es que existe el “handicap”, que es un sistema en el que el jugador más hábil le da tiros al menos hábil. El “handicap” se establece en base a lo que han tirado los jugadores en el pasado reciente. El “handicap” no es aspiracional; no refleja lo bien que el golfista quisiera jugar, sino cómo juega en realidad. El golfista que hace trampa con su “handicap”, pretendiendo ser mejor de lo que es, siempre va a perder en las competencias con el que tiene un “handicap” realista. El equivalente del “handicap” en el comercio internacional es el tipo de cambio.

El tipo de cambio nivela la competencia, permitiendo que los países con una infraestructura productiva menos desarrollada puedan competir con los más desarrollados. Los que lo entienden, como China, India, etc., les va bien en la competencia; es decir, crecen y van sacando de la pobreza a porcentajes significativos de su población. Los que no lo entienden, como México, se van quedando cada vez más rezagados.

El argumento que hace alguien en su comentario en el sentido de “no tener mentalidad tercermundista” creo yo que está profundamente equivocado. No es cuestión de mentalidad, es cuestión de realidades. Si Tiger Woods le propone a un jugador promedio de un club jugarle parejo, sin “handicap”, y apostando todo su patrimonio, el jugador que lo acepte no sería considerado muy valiente, ni de mentalidad triunfadora. Sería considerado un iluso y un irresponsable, porque con toda seguridad, va a perder todo su patrimonio.

Este ha sido el caso con nuestros gobiernos de los últimos 25 años: han hecho apuestas, con el dinero de la sociedad, basadas en buenos deseos y no en realidades. La evidencia de que su política cambiaria ha sido equivocada es tan grande como la diferencia entre la tasa de crecimiento de China y la nuestra.       

Resultados en tiempo real Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
A FAVOR
58.82%
EN CONTRA
41.18%

Tipo de cambio realEn los últimos años retomó fuerza el debate sobre el valor de las divisas como  instrumento para fomentar el crecimiento económico, dada la importancia en el equilibrio de la producción e intercambio de bienes y servicios entre los países.

 
Abiertamente China sigue una política de subvaluar su moneda, siendo cuestionada por otros países y organismos mundiales. Otros países aplican medidas alternativas para esterilizar los efectos cambiarios como pueden ser políticas comerciales que selectivamente abren su mercado sin descuidar o dejar a la deriva a sectores productivos nacionales, como  Brasil, o el caso de Chile, que aplica impuestos a los capitales a fin de evitar el ingreso de flujos innecesarios que en el corto plazo pueden distorsionar el mercado cambiario.

Incluso Estados Unidos devalúo su moneda ante divisas fuertes a fin de equilibrar su balanza comercial y fomentar el crecimiento luego de la más reciente crisis económica.
 
Lo cierto es que gran parte de los países siguen una política de libre flotación, donde todos los flujos de divisas (entrada y salida) intervienen en la determinación del tipo de cambio, que no necesariamente son producto de la capacidad productiva de la economía, sino flujos financieros que pudieran distorsionar el mercado cambiario en beneficio o en contra de un país.

Esta política de libre flotación proviene de la escuela monetarista e implementada en muchos países bajo el “Washington Consensus”, quien a la vez postula que se debe mantener un tipo de cambio en un nivel competitivo.
 
México goza de ingresos petroleros que generan divisas, y en los últimos años se incrementaron gracias a un efecto de precios y no de la fortaleza productiva real de la economía. Por otro lado la libre entrada y salida de capitales financieros, que buscan un mejor rendimiento, intervienen en el mercado cambiario y se benefician de políticas monetarias (tasas de interés) cuyo fin no es atraer capitales sino regular la masa monetaria (inflación).
 
Los invitamos a reflexionar y cuestionar si la política cambiaria actual es adecuada tomando en cuenta las particularidades de nuestro país, los resultados obtenidos en las últimas décadas, los ajustes económicos a nivel mundial, producto de la más reciente crisis y la experiencia de otras economías en este tema.

Roy Lavcevic
Moderador

A FAVOR
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund,
Empresario
EN CONTRA
Abel Hibert
Abel Hibert,
Académico
MODERADOR
Roy Lavcevic
Roy Lavcevic,
Economista
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