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Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
Declaración de refutación - a favor
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund escribió:
El régimen cambiario no es el tema del debate, creo yo. Yo no propongo un tipo de cambio fijo. El régimen flexible es adecuado, siempre y cuando esa flexibilidad o capacidad de ajustarse refleje la capacidad productiva de la economía.
23/03/2011

El régimen cambiario no es el tema del debate, creo yo. Yo no propongo un tipo de cambio fijo. El régimen flexible es adecuado, siempre y cuando esa flexibilidad o capacidad de ajustarse refleje la capacidad productiva de la economía y no factores coyunturales o especulativos. Las grandes debacles cambiarias que hemos sufrido no se han debido al TIPO de régimen cambiario que hemos tenido, sino al sesgo sistemático de los gobiernos de tener la moneda SOBREVALUADA; por cierto, siempre apoyados por casi todos los analistas y economistas del momento, que insistían en que la moneda no estaba sobrevaluada. Los gobiernos de las últimas décadas siempre han aprovechado factores coyunturales para apreciar el tipo de cambio y nunca han reaccionado a tiempo cuando cambian las circunstancias.

Es un error pensar que la disyuntiva está entre que el gobierno intervenga o no en el tipo de cambio. Suena muy bonito decir que “un burócrata no debe fijar el tipo de cambio”, pero esa frase engaña sobre lo que es la realidad. El gobierno (el proverbial burócrata) siempre interviene, de muy diversas formas:  política fiscal, monetaria, endeudamiento externo, intervenciones directas en el mercado, etc.  La disyuntiva real es ¿en qué sentido debería  intervenir el gobierno? El gobierno de México de las últimas décadas siempre ha intervenido para revaluar la moneda. Por ejemplo, en la actualidad, el gobierno tiene contratada una línea de crédito contingente con el FMI, por la cual está pagando una comisión. ¿Para qué sirve esa línea de crédito? Es la forma de decirle al “mercado” que va a haber dólares para evitar una devaluación. Si en realidad el gobierno creyera en una flexibilidad cambiaria total, el usar dinero de nuestros impuestos para el pago de comisiones por tener esa línea no tendría ningún sentido. Las tasas de interés superiores a las que se pagan en el extranjero también son una forma de intervenir en el mercado cambiario, convirtiendo al peso en una moneda muy atractiva para el capital especulativo y abaratando las importaciones en detrimento del productor nacional. A mi modo de ver, el gobierno debería intervenir como lo hacen los gobiernos de China, Chile, Brasil, Corea y un largo etcétera, para evitar que la moneda se revalúe por motivos ajenos a la productividad real de la economía. Si estamos teniendo un déficit creciente en la balanza comercial no petrolera y un crecimiento raquítico, quiere decir que nuestra moneda está sobrevaluada y debería debilitarse. Sin embargo, el peso se puede estar revaluando por entrada de capitales especulativos o por precios altos del petróleo, que son factores coyunturales.  El gobierno debería intervenir para evitar la apreciación en estas circunstancias. Si no lo hace, cuando cambien las condiciones de liquidez internacional o caigan los precios del petróleo, vamos a tener (otra vez) una devaluación brusca. Y, mientras tanto, vamos a seguir perdiendo competitividad y cerrando empresas.

Abel cita el caso de Alemania como ejemplo de un país exportador, a pesar de tener un tipo de cambio “caro”. El caso de Alemania ilustra perfectamente el caso de un tipo de cambio fuerte por razones estructurales, por razones de productividad. Alemania es un país que es acreedor neto del mundo (recibe intereses de otros países), es un exportador neto de tecnología, de marcas y de productos de alto valor agregado y tiene una planta industrial moderna y sofisticada. Por todo lo anterior, tiene una balanza comercial y una cuenta corriente que son crónicamente superavitarias. Eso hace que su tipo de cambio pueda ser fuerte sin afectar negativamente su economía; su tipo de cambio es fuerte de forma “natural”. Adicionalmente, tiene un crecimiento poblacional bajo y niveles de pobreza muy bajos, por lo que su necesidad de crecer no es acuciante. No crece rápido, pero tampoco lo requiere. México es estructuralmente lo opuesto de Alemania: somos deudores, somos importadores de tecnología, de marcas, producimos productos de bajo valor agregado (maquila) y nuestra balanza comercial no petrolera es crónicamente deficitaria. Adicionalmente, tenemos una urgente necesidad de crecer, por razones demográficas y de altos niveles de pobreza. Alemania se puede dar el “lujo” de tener un tipo de cambio fuerte. México no.

El mismo Abel reconoce (como yo también mencioné en mi primer ponencia) que la devaluación del 2009 no afectó significativamente la inflación. ¿Por qué, entonces, si habíamos ganado competitividad sin generar inflación, permitió (o alentó) el gobierno la revaluación de 15 pesos por dólar a 12? La explicación que yo veo es una especie de populismo financiero (¡tenemos una moneda fuerte!) por encima de la necesidad de crecer. Política totalmente contraria a la que prevalece en todos los países que han tenido éxito en crecer.

Por último, está el tema de que no debemos ganar competitividad en base al tipo de cambio sino a la productividad. Para mí, este es el argumento del masoquista. Nuestro tipo de cambio debe reflejar la productividad real que tiene el país hoy, no una productividad ideal que tendríamos si fuéramos, por ejemplo, Alemania. Leí algún comentario que decía que no debemos tener mentalidad tercermundista. Hoy, desgraciadamente, nuestra realidad sí es tercermundista. Cuando tengamos una planta productiva muy eficiente, con marcas y tecnología propias, con altos niveles de crecimiento sostenido y bajos niveles de pobreza, podremos tener un tipo de cambio fuerte. Tener un tipo de cambio “caro” cuando no tenemos las características para sostenerlo, nos somete a un sufrimiento, a una incapacidad de crecer, totalmente innecesarios. Todos los países en desarrollo que están creciendo rápidamente lo están haciendo porque adaptan su tipo de cambio a su realidad. Pretender tener un tipo de cambio de primer mundo sin serlo es, definitivamente, masoquismo económico. Esto no quiere decir que no debamos buscar, por todos los medios posibles, mejorar nuestra productividad. Lo que se propone es que el tipo de cambio refleje la productividad real que tenemos, no la que aspiramos a tener. El tipo de cambio refleja el nivel de remuneración que tenemos el conjunto de los mexicanos por nuestro trabajo. Si nos damos un “aumento de sueldo”, revaluando el tipo de cambio, y lo financiamos con un recurso no renovable (venta de petróleo) ó endeudándonos (entrada de capital especulativo), estamos actuando en forma irresponsable, porque este aumento de sueldo no está sustentado en una mayor productividad. Cuando se nos acabe el activo (o baje de precio) o cuando ya no nos podamos endeudar, vendrá la devaluación que nos reduzca el sueldo a su nivel real, como siempre ha pasado, con el agravante de que, mientras vivimos por encima de nuestros medios no ahorramos lo suficiente para invertir y aumentar nuestra productividad futura.

Como conclusión, creo que no se puede ir contra la realidad y la evidencia empírica. Puede haber teorías muy elegantes y sofisticadas sobre la inconveniencia de que los gobiernos intervengan en los mercados cambiarios. La realidad nos dice, sin embargo, que todos los gobiernos intervienen, de diversas formas, en la fijación del tipo de cambio. La realidad también nos dice que, en un mundo con bajas barreras al comercio, los países que han tenido un crecimiento rápido y sostenido son los que han tenido una política sistemática de subvaluación; México, que ha tenido una política sistemática de sobrevaluación es de los que menos ha crecido. Seamos realistas, aprendamos de lo que funciona y abandonemos el dogma de lo que no ha funcionado.   

Resultados en tiempo real Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
A FAVOR
58.82%
EN CONTRA
41.18%

Tipo de cambio realEn los últimos años retomó fuerza el debate sobre el valor de las divisas como  instrumento para fomentar el crecimiento económico, dada la importancia en el equilibrio de la producción e intercambio de bienes y servicios entre los países.

 
Abiertamente China sigue una política de subvaluar su moneda, siendo cuestionada por otros países y organismos mundiales. Otros países aplican medidas alternativas para esterilizar los efectos cambiarios como pueden ser políticas comerciales que selectivamente abren su mercado sin descuidar o dejar a la deriva a sectores productivos nacionales, como  Brasil, o el caso de Chile, que aplica impuestos a los capitales a fin de evitar el ingreso de flujos innecesarios que en el corto plazo pueden distorsionar el mercado cambiario.

Incluso Estados Unidos devalúo su moneda ante divisas fuertes a fin de equilibrar su balanza comercial y fomentar el crecimiento luego de la más reciente crisis económica.
 
Lo cierto es que gran parte de los países siguen una política de libre flotación, donde todos los flujos de divisas (entrada y salida) intervienen en la determinación del tipo de cambio, que no necesariamente son producto de la capacidad productiva de la economía, sino flujos financieros que pudieran distorsionar el mercado cambiario en beneficio o en contra de un país.

Esta política de libre flotación proviene de la escuela monetarista e implementada en muchos países bajo el “Washington Consensus”, quien a la vez postula que se debe mantener un tipo de cambio en un nivel competitivo.
 
México goza de ingresos petroleros que generan divisas, y en los últimos años se incrementaron gracias a un efecto de precios y no de la fortaleza productiva real de la economía. Por otro lado la libre entrada y salida de capitales financieros, que buscan un mejor rendimiento, intervienen en el mercado cambiario y se benefician de políticas monetarias (tasas de interés) cuyo fin no es atraer capitales sino regular la masa monetaria (inflación).
 
Los invitamos a reflexionar y cuestionar si la política cambiaria actual es adecuada tomando en cuenta las particularidades de nuestro país, los resultados obtenidos en las últimas décadas, los ajustes económicos a nivel mundial, producto de la más reciente crisis y la experiencia de otras economías en este tema.

Roy Lavcevic
Moderador

A FAVOR
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund,
Empresario
EN CONTRA
Abel Hibert
Abel Hibert,
Académico
MODERADOR
Roy Lavcevic
Roy Lavcevic,
Economista
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