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Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
Declaración inaugural - en contra
Abel Hibert
Abel Hibert escribió:
No es conveniente buscar fijar un tipo de cambio “más alto” para promover las exportaciones. La única forma cómo estas se pueden impulsar es a través de ganancias de productividad, cambio tecnológico y que el gobierno ponga las condiciones idóneas.
15/03/2011

Uno de los debates más frecuentes sobre política económica en nuestro país ha sido precisamente cuál debería de ser el mejor régimen cambiario.

En los últimos setenta años, México ha probado prácticamente todos los regímenes cambiarios que existen. Dentro de la categoría de tipos de cambio fijo, se puede citar el tipo de cambio fijo (hay que recordar que desde abril de 1954 hasta diciembre de 1976) el tipo de cambio se mantuvo fijo en un nivel de $12.5 de los antiguos pesos por dólar. En el sexenio de José López Portillo, teníamos un desliz diario preestablecido de nuestra moneda, hasta que a finales de 1982 terminamos con control de cambio y se dio origen al tipo de cambio dual. Durante la administración de Miguel de la Madrid, prevaleció el mercado dual cambiario, ya que se tenía un tipo de cambio “controlado” que se utilizaba para pagar la deuda externa, y contabilizar todas las exportaciones e importaciones, y un tipo de cambio de “mercado” para pequeñas transacciones. Este régimen cambiario, además de las distorsiones económicas, fue una fuente importante de corrupción, además de que incentivaba a las empresas exportadoras a reportar menos exportaciones de las que realmente hacían. Al final del sexenio, se terminó con un tipo de cambio fijo, que jugaba un papel importante dentro del congelamiento de muchos otros precios claves, como parte de un programa heterodoxo que se instrumentó en ese año para reducir la inflación. Durante el sexenio de Carlos Salinas, se fue desmantelando gradualmente el régimen de tipo de cambio dual y en noviembre de 1991 se adoptó un esquema de bandas cambiarias, en donde se fijaba un piso y un techo que se deslizaba todos los días, y se permitía que el tipo de cambio fluctuara dentro de estas bandas.

Lo único que nos faltó probar fue la unión monetaria con los Estados Unidos, de la misma forma como la llevó a cabo la Unión Europea, o un Consejo Monetario o Caja de Conversión como la que instrumentó en su momento Argentina.

Si bien el tipo de cambio fijo tiene como ventajas el ayudar a que la inflación y las tasas de interés se mantengan bajas, tienen la gran desventaja de que hace al país muy vulnerable ante choques externos o a errores frecuentes y persistentes de política económica. Otro problema es que provoca que la política monetaria tome como ancla a la política cambiaria, y provoca que la política monetaria sea reactiva de la entrada y salida de divisas. En cualquiera de las versiones de régimen de tipo de cambio flexible que hemos adoptado, cuando entraban muchas divisas al país, el banco central tenía que comprar ese exceso de divisas, acumulando reservas internacionales. Para mantener la base monetaria constante, el banco central tenía que esterilizar estas reservas para evitar que tuvieran un impacto monetario, y en consecuencia inflacionario. En caso contrario, si había una demanda de divisas por parte de inversionistas nacionales y extranjeros, el banco central tenía que utilizar las reservas internacionales para mantener el valor de cambio entre el Peso y la moneda extranjera al que se había comprometido a mantener. Las consecuencias eran dos: la primera es que tenía que inyectar liquidez para evitar una caída en la base monetaria; la segunda es que cuando las reservas internacionales llegaban a un nivel mínimo, el banco central tenía que dejar flotar la moneda. En todos los casos, el asunto cambiario terminaba en una verdadera tragedia.

Precisamente una tragedia de éstas, la crisis cambiaria de diciembre de 1994, en donde el Banco Central literalmente se quedó sin reservas internacionales, fue lo que obligó a los responsables de la política cambiaria, que es la Secretaría de Hacienda junto con el Banco de México, a adoptar un régimen de tipo de cambio flexible.

A partir de que se adoptó el régimen de tipo de cambio flexible, el ancla de la política monetaria fue precisamente la misma política monetaria enfocada en su principal objetivo constitucional que es mantener la estabilidad de precios. Esto le ha permitido tener metas de largo plazo de inflación y el manejo flexible de diversos instrumentos, desde el manejo de saldos diarios, mejor conocido como “corto”, hasta recientemente el fijar una tasa de interés de referencia.

El contar con un tipo de cambio flexible ha permitido poder absorber más eficientemente todos los choques provenientes del exterior, desde la caída en el precio del petróleo en 1998, hasta las diversas crisis financieras y cambiarias que se presentaron en Asia, Rusia, Brasil y Argentina. Esto sin contar crisis financieras y bancarias provenientes de países desarrollados, como la crisis proveniente de la caída del mercado de valores derivado de las pérdida de valor de las empresas “punto com”, o más recientemente de la crisis hipotecaria en Estados Unidos. En todos estos eventos, se permitió al tipo de cambio ajustarse de acuerdo a las necesidades del mercado, y posteriormente, estos mercados incorporaron información acerca de los fundamentales de la economía mexicana, y junto con acciones correctas desde el punto de vista fiscal y monetario, se permitió que el tipo de cambio se situará en un nivel “razonable” inferior al máximo que llegaba a cotizar en el punto más álgido de la crisis. Todo lo anterior, sin pérdidas de reservas internacionales, y cuando se llegó a utilizarlas, era bajo un esquema preestablecido y transparente a través de subastas en el mercado.

Lo curioso del asunto es que cuando menos volatilidad hemos tenido del tipo de cambio ha sido precisamente desde que adoptamos el régimen flexible.  La volatilidad que ha habido desde el año 2000 a la fecha ha sido de 14.5* , 7.5% y 10.2% para el periodo 1995-2000, 2001-2006 y 2007-2011**  respectivamente. En la gráfica 1 se podrá observar que la volatilidad en los periodos anteriores cuando teníamos un tipo de cambio fijo fue mayor.
Hay que destacar que a pesar de la fuerte depreciación que observó el tipo de cambio durante el año del 2009, el nivel de inflación fue de 3.45%, el más bajo desde el año 1969.
Otra ventaja del tipo de cambio flexible es que permite que cuando se presentan errores o excesos fiscales o monetarios, inmediatamente el mercado cambiario da cuenta de ellos.
En resumen, el régimen de tipo de cambio flexible ha contribuido de manera muy importante a la estabilidad que la economía mexicana ha alcanzado en los últimos años.

Gráfica Tipo de Cambio

Otro de los debates con relación a la política cambiaria, es que el tipo de cambio en ocasiones llega a apreciarse, como lo ha estado haciendo recientemente, ante el ingreso de capitales de corto plazo. Se tiene el temor de que una apreciación del tipo de cambio podría perjudicar al sector exportador, reduciendo la competitividad del mismo.

Sobre este punto es pertinente hacer varios comentarios.

En primer lugar, la evidencia empírica ha demostrado que las exportaciones no petroleras de nuestro país están más influenciadas por el nivel de actividad económica del exterior, principalmente de los Estados Unidos, más que del nivel del tipo de cambio. En el año 2009, la caída de 17.4 en las exportaciones manufactureras de nuestro país se debió más a la recesión que vivió la economía norteamericana, a pesar que el tipo de cambio se depreció en promedio 21%. Por el contario, durante el año 2010, las exportaciones manufactureras, crecieron 29% con relación al 2009, superando el nivel alcanzado durante el 2008, a pesar de que el tipo de cambio se ha apreciado 6.5% con relación al nivel alcanzado durante el año 2009.

En segundo lugar, el fijar un tipo de cambio “más alto” para impulsar las exportaciones y “promover” el crecimiento económico, tiene el problema de elevar la inflación vía costos y expectativas, diluyendo el efecto inicial de poner el tipo de cambio en un nivel  mayor. Hay que revisar el caso de Alemania, que se ha convertido en una potencia exportadora, a pesar de la apreciación del euro, y de los problemas financieros de sus vecinos.

En síntesis, no es conveniente buscar fijar un tipo de cambio “más alto” para promover las exportaciones. La única forma cómo estas se pueden impulsar es a través de ganancias de productividad, cambio tecnológico y que el gobierno ponga las condiciones idóneas para que se respete el Estado de Derecho y los derechos de propiedad. Los burócratas cuando fijan un precio, entre ellos el tipo de cambio, causan más distorsiones, que si la fijación es este se deja a las fuerzas del mercado.

*Hay que aclarar que en la estimación de volatilidad se incluye el año de 1995, año en donde los primeros meses el tipo de cambio sufrió una fuerte depreciación. 
**Estimado hasta el mes de febrero del 2011. En este periodo se incluye la volatilidad derivada de la depreciación del tipo de cambio a finales del 2008 y principios del 2009.

Resultados en tiempo real Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
A FAVOR
58.82%
EN CONTRA
41.18%

Tipo de cambio realEn los últimos años retomó fuerza el debate sobre el valor de las divisas como  instrumento para fomentar el crecimiento económico, dada la importancia en el equilibrio de la producción e intercambio de bienes y servicios entre los países.

 
Abiertamente China sigue una política de subvaluar su moneda, siendo cuestionada por otros países y organismos mundiales. Otros países aplican medidas alternativas para esterilizar los efectos cambiarios como pueden ser políticas comerciales que selectivamente abren su mercado sin descuidar o dejar a la deriva a sectores productivos nacionales, como  Brasil, o el caso de Chile, que aplica impuestos a los capitales a fin de evitar el ingreso de flujos innecesarios que en el corto plazo pueden distorsionar el mercado cambiario.

Incluso Estados Unidos devalúo su moneda ante divisas fuertes a fin de equilibrar su balanza comercial y fomentar el crecimiento luego de la más reciente crisis económica.
 
Lo cierto es que gran parte de los países siguen una política de libre flotación, donde todos los flujos de divisas (entrada y salida) intervienen en la determinación del tipo de cambio, que no necesariamente son producto de la capacidad productiva de la economía, sino flujos financieros que pudieran distorsionar el mercado cambiario en beneficio o en contra de un país.

Esta política de libre flotación proviene de la escuela monetarista e implementada en muchos países bajo el “Washington Consensus”, quien a la vez postula que se debe mantener un tipo de cambio en un nivel competitivo.
 
México goza de ingresos petroleros que generan divisas, y en los últimos años se incrementaron gracias a un efecto de precios y no de la fortaleza productiva real de la economía. Por otro lado la libre entrada y salida de capitales financieros, que buscan un mejor rendimiento, intervienen en el mercado cambiario y se benefician de políticas monetarias (tasas de interés) cuyo fin no es atraer capitales sino regular la masa monetaria (inflación).
 
Los invitamos a reflexionar y cuestionar si la política cambiaria actual es adecuada tomando en cuenta las particularidades de nuestro país, los resultados obtenidos en las últimas décadas, los ajustes económicos a nivel mundial, producto de la más reciente crisis y la experiencia de otras economías en este tema.

Roy Lavcevic
Moderador

A FAVOR
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund,
Empresario
EN CONTRA
Abel Hibert
Abel Hibert,
Académico
MODERADOR
Roy Lavcevic
Roy Lavcevic,
Economista
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