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Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
Declaración inaugural - a favor
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund escribió:
La única explicación para la política cambiaria de México en los últimos sexenios es que la inversión productiva y el empleo no han sido la principal prioridad, como lo han sido en otros países.
15/03/2011

En un mundo globalizado y de economías abiertas, es decir, con pocas restricciones al comercio internacional, la producción se va a mover a los países que tengan las mejores condiciones para producir. Aunque no es la única condición, pues hay otras como el marco legal y regulatorio, la ubicación geográfica y la seguridad, por ejemplo, creo que no hay duda de que el costo de producción es factor fundamental para la decisión de cualquier empresa sobre en qué país producir. Si un objetivo central de un gobierno es procurar empleo para sus ciudadanos, crear las condiciones para que sea rentable producir en ese país debería ser prioridad fundamental para ese gobierno. El gobierno mexicano, si tiene interés en superar la crisis de desempleo e inseguridad que vivimos, está obligado a crear estas condiciones.

La forma más sencilla y rápida de ajustar el nivel de competitividad de una economía es ajustando su tipo de cambio real, ya que con una devaluación de éste, todos los componentes locales de los costos de producción se reducen; con una revaluación el efecto es inverso: los costos aumentan. Una devaluación del tipo de cambio real, por lo tanto, aumenta de inmediato la atractividad de un país como destino de inversión productiva.

Hay muchos ejemplos en el mundo de países que usan un tipo de cambio subvaluado para generar producción y empleo; China e India son los dos casos más recientes y espectaculares, y que ya lo han hecho por un período largo de tiempo; sin embargo, no son los únicos. En su momento, Corea e incluso Japón también lo hicieron. Por lo tanto, argumentar que no funciona es absurdo. Es argumentar contra la realidad.

Los países bien administrados no sólo requieren ser competitivos en costos, sino serlo en forma permanente, o al menos por un horizonte de tiempo suficiente para darle al inversionista local o extranjero la seguridad de que su inversión no va a ser afectada por factores coyunturales. La política de México de no aislar estos factores coyunturales en la determinación del tipo de cambio vuelve al país riesgoso como destino de inversión productiva. Aquí vale la pena hablar de casos concretos para ilustrar el punto.

Caso 1: Subida en los precios del petróleo. En los países que se preocupan por la inversión productiva y el empleo, una subida de precios de una exportación “commodity” que es muy importante por su monto en la balanza de pagos, se segrega de la misma, para evitar una revaluación que saque de competencia a los productores de ese país. Ejemplos de esta política son, por ejemplo, Chile (con el cobre) o Noruega (con el petróleo). El fenómeno de la perdida de competitividad por la subida de precio de materias primas está tan estudiado que tiene un nombre: “el mal holandés” (dutch disease). Hay que notar que se considera una enfermedad, un mal, no algo positivo. La razón por la que el gobierno mexicano, ante toda la literatura y evidencia a este respecto no tiene una política de aislar estas entradas extraordinarias del mercado cambiario es un misterio, a menos que concluyamos que la producción y el empleo no son sus prioridades. Desgraciadamente, la evidencia empírica de los últimos sexenios parece indicar que así es.

Caso 2: Tasas de interés superiores a las de otros países. Hay ocasiones en que, por razones de política monetaria interna (control de la inflación, etc.) un país requiere tener tasas de interés superiores a las de sus socios comerciales. Esto, en un entorno de libre movilidad de capitales, le puede ocasionar fuertes entradas de capital y apreciación de la moneda, con la consecuente pérdida de competitividad. Para evitar este efecto y a la vez no interferir en la política del Banco Central, los países preocupados por la inversión y el empleo le ponen restricciones a estas entradas de capital (impuestos, encajes, etc.). Ejemplos recientes de este tipo de políticas han sido implementados, por ejemplo, en Corea, Brasil y Chile. Igual que en el caso 1, el objetivo de estos gobiernos es evitar una revaluación de su moneda que perjudique la competitividad de sus productores. El caso extremo es China, que prácticamente prohíbe la entrada de capital financiero.

Es evidente que los países que más han crecido en las últimas décadas son los que han tenido una política CONSISTENTE de subvaluación de su tipo de cambio. Con el tiempo, conforme van acumulando planta industrial, “know-how” y tecnología, sus monedas tienden a revaluarse, como ha sucedido con Japón o Corea. Pero esa revaluación es “natural”; se debe a factores fundamentales: su capacidad de producción y su productividad se incrementaron sustancialmente. La fortaleza de su moneda refleja factores estructurales, no coyunturales.

En México, la política cambiaria siempre ha sido mantener el tipo de cambio lo más sobrevaluado posible, aprovechando los factores coyunturales (precios altos del petróleo, tasas de interés superiores a las internacionales) o inclusive contratando deuda. Estos episodios de sobrevaluación destruyen a la planta productiva nacional, sustituyendo producción local por importaciones. Cuando los factores coyunturales cambian (caída en los precios del petróleo, menor liquidez internacional, etc.) sobrevienen las devaluaciones bruscas, con el consiguiente caos financiero, lo que también acarrea problemas para los productores. Entonces, ¿no sería más sensato siempre “equivocarse” por el lado de la subvaluación para evitar colapsos en el tipo de cambio? Y hacer lo que hacen los países bien administrados: ahorrar o invertir en tiempos de bonanza petrolera, en lugar de sobrevaluar el tipo de cambio y gastar todo en importaciones de bienes de consumo.

Un argumento muy socorrido en contra de usar el tipo de cambio para mejorar la competitividad es que ésta se debe de mejorar con otro tipo de instrumentos, como las famosas reformas estructurales. Creo que las reformas estructurales planteadas pueden, efectivamente, mejorar la competitividad, aunque la que más potencial tiene para hacerlo, que sería una ley de competencia que realmente funcionara, no es de las que más han promovido los últimos gobiernos. Sin embargo, el país no puede esperar a que se concreten todas las reformas para crecer. No sabemos ni cuando se aprobarán, ni en qué forma; ni siquiera si se aprobarán algún día. Lo que sí sabemos que el país tiene que crecer y generar empleo con fecha de ayer. Ajustar el tipo de cambio tiene la ventaja de cambiar la competitividad del país de inmediato. Y, por supuesto, la competitividad del país que existe hoy, no de un país ideal que no sabemos cuando va a existir o si va a existir algún.

La gran interrogante, si se analiza la evolución reciente del tipo de cambio es: ¿por qué, si el tipo de cambio ya estaba en 15 pesos por dólar, sin que hubiera presiones inflacionarias importantes, se permitió que regresara a menos de 12 pesos? Todos los países del mundo están tratando de devaluar o, al menos, de evitar la revaluación de sus monedas. La Unión Europea, Estados Unidos, Brasil, China, Chile, Corea, etc., han implementado medidas en este sentido y se quejan de otros países que también lo hacen. México es la excepción. ¿Seremos los únicos que estamos en lo correcto? ¿O será que nuestro objetivo principal no es el crecimiento y el empleo?

Creo que la única explicación para la política cambiaria de México en los últimos sexenios es que la inversión productiva y el empleo no han sido la principal prioridad, como lo han sido en otros países. No es sorprendente, por lo tanto, que hayamos sido los que menos hemos crecido. Cuando tengamos políticas parecidas a las de los países que han crecido, creceremos. Mientras no entendamos la necesidad de un tipo de cambio real permanentemente competitivo para crecer, seguiremos rezagándonos. El costo de este rezago en términos de oportunidades de negocio, bienestar social y seguridad ya lo estamos viviendo.

Resultados en tiempo real Tipo de cambio como instrumento de desarrollo y crecimiento
A FAVOR
58.82%
EN CONTRA
41.18%

Tipo de cambio realEn los últimos años retomó fuerza el debate sobre el valor de las divisas como  instrumento para fomentar el crecimiento económico, dada la importancia en el equilibrio de la producción e intercambio de bienes y servicios entre los países.

 
Abiertamente China sigue una política de subvaluar su moneda, siendo cuestionada por otros países y organismos mundiales. Otros países aplican medidas alternativas para esterilizar los efectos cambiarios como pueden ser políticas comerciales que selectivamente abren su mercado sin descuidar o dejar a la deriva a sectores productivos nacionales, como  Brasil, o el caso de Chile, que aplica impuestos a los capitales a fin de evitar el ingreso de flujos innecesarios que en el corto plazo pueden distorsionar el mercado cambiario.

Incluso Estados Unidos devalúo su moneda ante divisas fuertes a fin de equilibrar su balanza comercial y fomentar el crecimiento luego de la más reciente crisis económica.
 
Lo cierto es que gran parte de los países siguen una política de libre flotación, donde todos los flujos de divisas (entrada y salida) intervienen en la determinación del tipo de cambio, que no necesariamente son producto de la capacidad productiva de la economía, sino flujos financieros que pudieran distorsionar el mercado cambiario en beneficio o en contra de un país.

Esta política de libre flotación proviene de la escuela monetarista e implementada en muchos países bajo el “Washington Consensus”, quien a la vez postula que se debe mantener un tipo de cambio en un nivel competitivo.
 
México goza de ingresos petroleros que generan divisas, y en los últimos años se incrementaron gracias a un efecto de precios y no de la fortaleza productiva real de la economía. Por otro lado la libre entrada y salida de capitales financieros, que buscan un mejor rendimiento, intervienen en el mercado cambiario y se benefician de políticas monetarias (tasas de interés) cuyo fin no es atraer capitales sino regular la masa monetaria (inflación).
 
Los invitamos a reflexionar y cuestionar si la política cambiaria actual es adecuada tomando en cuenta las particularidades de nuestro país, los resultados obtenidos en las últimas décadas, los ajustes económicos a nivel mundial, producto de la más reciente crisis y la experiencia de otras economías en este tema.

Roy Lavcevic
Moderador

A FAVOR
Adolfo Hellmund
Adolfo Hellmund,
Empresario
EN CONTRA
Abel Hibert
Abel Hibert,
Académico
MODERADOR
Roy Lavcevic
Roy Lavcevic,
Economista
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